La Culpa es de Uno cuando No Enamora…

Por Mario Rafael Alvarado Luna

A Don Mario Benedetti, in memoriam

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Y no de los pretextos, pero si del tiempo. La condición finita del hombre es maravillosa y trágica, porque independientemente de la circunstancia, vivir es una coincidencia afortunada, un milagro que podemos transitar sólo una vez. No importa si existe o no la reencarnación pues la memoria de la vida presente caduca con el estertor final. Así la culpa de uno es el sinvivir, deambular por este barrio careciendo de sentido, no encontrando motivaciones, cuando la primera debería ser respirar cada mañana, abrir los ojos al nuevo sol que es el de siempre y sin embargo es distinto. Agradecer que somos lo que somos, que si estamos leyendo estas líneas a través de la web es porque tenemos acceso a ella, y no vivimos en Darfur o en Biafra –lugares del mundo que existen, que son reales aunque no los habitemos personalmente (no ver algo no implica su inexistencia)- donde la circunstancia personal es diferente, donde la conciencia es la sobrevivencia, donde la tarea diaria es tratar de no morir, intentar comer, hallar algo útil en la basura… Tampoco despertamos en Irán, Irak, o zonas de conflicto, donde el destino podría alcanzarnos disfrazado de bala perdida… estamos aquí, estamos ahora, y aunque Don Mario Benedetti ya no esté, pronto entendió, dejando constancia de ello, que la vida es un breve, brevísimo paréntesis, en el que hay que agradecer por el fuego que es pasión de ser, por el fuego que es pasión de amar, por el fuego que son ganas de vivir, por el fuego que es anhelo de felicidad, por el fuego que es deseo de trascendencia, por ese fuego que es ánima, alma, espíritu, esencia, soplo de vida en cada uno de nosotros…

Benedetti se adelantó hacia el sitio que a todos nos aguarda, y seguro que disfrutó de estar, de ser y estar, de la borra del café, de ser testigo de uno mismo, del amor las mujeres y la vida, de la ida y vuelta…

Nos queda, para los que quedamos con y sin nostalgia, ese testimonio de plenitud de un hombre que anduvo por los andamios más altos de la sensibilidad, por más que sus detractores señalen que leerlo es una pérdida de tiempo, que lo acusen de cursi, de ligero… seguramente más que no entender, no sienten su realidad y sus palabras.

Benedetti simplemente nos da tregua, se ausenta para que le añoremos… quizá sea una hecatombe de esperanza, pero Él será escritor inolvidable, como en vida fue entrañable, y al tiempo espero que si su memoria es atacada por el olvido, tal olvido esté lleno de memoria… como lo hubiese querido.

Publicado el junio 14, 2009 en Colaboraciones especiales. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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